Consejos de viaje. La mujer viajera.
Todavía hay países donde la mujer no puede conducir (Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes), donde no se puede mirar a un desconocido directamente a los ojos o donde tiene que ir tres pasos por detrás del hombre. No es de extrañar que en tales sitios los varones alucinen ante el simple hecho de que una mujer viaje sola y tiendan a pensar que todas las occidentales son promiscuas. Eso se traduce en faltas de respeto hacia las turistas como los inevitables de toques de culo en Turquía.
Si en Europa todavía existen áreas sociales y laborales en las que la mujer se encuentra en desventaja con respecto al hombre, cabe imaginar lo que ocurre en la mayoría de los países del Tercer Mundo, donde la igualdad no está recogida en las leyes ni se plantea como objetivo moral o político.
Los países islámicos, incluso los más liberales, presentan los casos de discriminación más llamativos. Si te invitan a comer a una casa, observarás que las mujeres del hogar, aunque no lleven velo y se comporten de manera desenvuelta, se limitarán a servir la mesa a los varones, sin sentarse. Ellas comerán cuando hayan terminado los hombres.
En varios países del África Negra, la discriminación llega al maltrato. Las adolescentes son sometidas a un rito denominado infibulación, que consiste en extirparles el clítoris y coserles los labios de la vulva, una operación evidentemente muy dolorosa y que les priva para siempre del goce sexual. Hay unas cuantas culturas en las que la mujer es considerada impura durante la menstruación. La propia Biblia así lo estableció. Algunos pueblos apartan a la mujer durante ese periodo (las dogonas de Malí deben vivir esos días en una choza situada fuera del poblado), o no les permiten entrar en templos ni preparar comida.
En los países budistas, una mujer no debe mirar a los ojos aun monje ni entregar le nada directamente. También en bastantes países musulmanes el contacto visual está mal considerado. Hay lugares, como el Mzab argelino, en que las mujeres van por la calle tan tapadas que sólo dejan un ojo al descubierto, y aún así desvían la mirada cuando se cruzan con un hombre.
Los riesgos y complicaciones son mayores para las viajeras que para los viajeros. Como compensación, la mujer, si tiene un comportamiento discreto, puede tener acceso al mundo femenino, que esconde se guardan las tradiciones en el Tercer Mundo y que está totalmente vedado para el hombre extranjero.
En el caso de la mujer viajera, sí es recomendable un cierto mimetismo con respecto a las nativas. Por ejemplo, si ellas llevan el pelo recogido, hazlo así tú también. Donde no se estila mirar a los ojos, adopta una actitud tímida o ponte unas gafas de sol. Las normas en cuestión de vestir suelen ser más estrictas para la mujer, especialmente en los países musulmanes. No se trata de ir como una monja, pero sí de tener atención especial al pelo y los hombros. Es muy probable que todo esto te harte y que decidas ser tú misma, saltándote tantas convenciones injustas; probablemente no tendrás problemas. Como se ha dicho más atrás, cada vez están más acostumbrados por ahí a las "extravagancias" occidentales, pero está bien que sepas en cada momento el terreno que pisas. Para librarse del asedio de moscones, un anillo de casada suele ser muy eficaz, aunque parezca mentira. Si vas sola, una foto de los sobrinos o del novio puede venir bien si dices que son tu marido y tus hijos. Si viajáis chico y chica, contad que estáis casados; si os preguntan cuántos hijos, responded que dos. No se os ocurra reconocer que no tenéis: en un país árabe eso despertaría inmediatamente cachondeos acerca de la masculinidad del macho.
Los hombres más peligrosos a efectos de un ataque sexual en el Tercer Mundo suelen ser los que visten más a la europea, los que se las dan de modernos, que generalmente viven en las grandes ciudades. Han visto muchas películas occidentales de sexo y violencia, y son los que más arraigada tienen la idea de que la mujer blanca es promiscua.
Si tú mujer y quieres viajar sola, anímate a hacerlo. No hay problemas, recibirás ayuda de parte de todo el mundo, y conocerás montones de personas que querrán saber qué clase de chica tan valiente tú. El mundo está lleno de mujeres que recorren el planeta por su cuenta. Y todas ellas recuerdan los siguientes puntos a tener en cuenta: Hay que estar alerta. No bajar la guardia y dejarse guiar por el instinto y el sentido común. No caminar por lugares desérticos donde no hay nadie a quien pedir ayuda. Elegir bien la compañía.
Jamás pararse en la esquina de una ciudad desconocida con el mapa abierto y cara de duda. Los mapas se miran en el baño. Nunca caminar zigzagueando, dando vueltas, retrocediendo y avanzado después. Todos notan que estás perdida y pueden aprovecharse de este hecho. Actúa como si supieras adónde vas, caminando derecho y con paso decidido, aunque no tengas idea de dónde estás yendo.
Hazle las preguntas que quieras al tipo de personas que no podrían seguirte: los que están detrás de una ventanilla o atendiendo un mostrador muy ocupados.
No te disfraces de turista llevando anteojos oscuros, una cámara al cuello y pantalones cortos donde todas las mujeres usan faldas largas. Lleva en la maleta una falda larga y un pañuelo para los sitios donde las mujeres solo se visten así. Estás viajando para conocer, no para llamar la atención. ¿No es cierto? Sé amable y agradecida. No seas ruda con los locales. Algunos se pueden ofender. Nunca reveles dónde guardas el dinero. Lleva cambio pequeño en el bolsillo y busca más dinero en los baños.
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