3/12/12

El regateo.

 


Consejos de viaje. El regateo. 

Para unos, es una pelmada y no pueden evitar la sensación de que les timan o de que están explotando a esa pobre gente buscando una rebaja, a otros, eso de enrollarse con un moro durante dos horas tomando té les hace el viaje más divertido. El regateo es norma en Africa y Asia, sobre todo en los países de tradición musulmana, donde se permite discutir el precio de todo menos el de las mortajas y los ejemplares del Corán.

Hay que partir de la base de que todo es negociable, incluso la comida que se vende en la calle, una visita al médico o los servicios de un guía turístico.

En América Latina, también se regatean muchas cosas, aunque quizá algo menos que en los otros dos continentes. Los taxis son regateables en todas partes, excepto que tengan taxímetro y lo utilicen. Hay que pactar siempre los precios por adelantado. No compres nada o contrates un servicio hasta que esté bien claro el importe. Una vez dada la palabra, "les hommes ont parlé", como dicen en el África Occidental. No intentes volverte atrás, salvo que quieran darte gato por liebre, pero tampoco permitas que la otra parte pretenda cobrar más a última hora, a menos que tú consideres que hay alguna razón que lo justifique.

No hay ninguna regla determinada para el regateo, porque depende de los sitios, los servicios de que se trate y la habilidad de cada uno. En los lugares turísticos, los comerciantes siempre se pasan bastante de salida. Habitualmente se recomienda dividir por dos o por tres el primer precio que te piden, pero hay veces en que se puede conseguir por mucho menos, y otras en los que el margen de discusión es menor. Algo que nunca se debe olvidar en estos casos es que la mano de obra es muy barata en los países pobres. Lo adecuado es tantear precios en un par de tiendas, pero en Marruecos o en la India esto es muy difícil, porque en cuanto hablas de dinero ya empieza el regateo.

En ocasiones, el comerciante te pregunta primero cuánto estás dispuesto a pagar. No tengas reparo en dar una cifra ridícula. El la rechazará y hará como que se indigna; Entonces, pídele su precio. Fíjate una cantidad que te parezca correcta y, si consigues lo que quieres por ella, no te compliques la vida pensando en que lo podías haber sacado aún más barato. Hay que buscar un equilibrio entre creer que te están timando y que les estás explotando. Pagar 12 euros por un bordado chino precioso puede parecer un engaño si se sabe que los locales abonarían 5 euros, pero un chollo se tiene en cuenta que eso aquí no tiene precio. No muestres excesivo interés por lo que quieres, pregunta su precio como al azar, junto al de otras cosas, y luego empieza la negociación. Es pura ley de oferta y demanda, comprador sólo compra si le conviene y vendedor no vende si no le interesa.

Nada te obliga a adquirir una mercancía si te sigue pareciendo cara. Elógiala, di que no puede pagar tanto y despídele cortésmente. La negociación debe llevarse de manera que tu oponente salve la cara si acepta tu oferta final después de haber proclamado con grandes gestos que le estabas conduciendo a la ruina. Haz teatro tú también, súbete por las paredes jura por tus antepasados que no tienes ni una rupia más y que es un regalo para tu madre viejecita. A veces, da resultado hacer como que te largas sin comprar (China). Si el tendero no te llama, es posible que el precio que estabas ofreciendo fuera muy bajo.

En los países árabes, la primera venta del día suele tener un significado especial, por lo que madrugando es posible pillar al comerciante con un ánimo más predispuesto.

Saber idiomas puede ser una desventaja en el regateo, lo mejor es hacerse el loco y ponerse tozudo. Si la discusión se lleva a cabo en inglés, que quede bien claro que no eres americano. Cuando anda un grupo de yanquis por las cercanías, los precios suben como por ensalmo. Otra solución es preguntar a un nativo con el que tengas algo de trato el precio de algunos servicios, como los taxis. Al tercer o cuarto día en una ciudad, ya tendrás una idea bastante clara de toque se puede pagar por las cosas.

No te ofendas si el precio para tí es algo más alto que para los locales, se supone que eres más rico que ellos. Aunque, los verdaderos abusos se dan con los turistas de viaje organizado que sólo están un día en cada sitio, pues generalmente pagan lo que les piden porque tienen prisa. No se consiguen resultados espectaculares con el regateo, pero sí se ahorra algo.

Para las cosas pequeñas, no merece la pena entretenerse mucho. Para una compra grande, sí. Cuanto más grande sea, reclama más descuento.


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