María Victoria de Aosta, una breve y olvidada reina de
España
Nació en París en 1847. De gran
belleza y cultura, la muerte de su padre y la enajenación mental de su madre
crearon una romántica leyenda en torno a ella. Se casó con Amadeo de Saboya en
1868, a quien dos años más tarde las Cortes españolas eligieron rey en
sustitución de Isabel II.
Esposa del efímero monarca Amadeo de Saboya, fue una mujer de exquisita
educación y dotada de una espléndida belleza. Intentó sin resultado agradar a
sus nuevos súbditos españoles, mostrando un espíritu solidario y abierto que la
condujo a protagonizar diversas obras sociales, como la creación de la primera
guardería infantil que se abrió en nuestro país.
María Carlota Enriqueta nació en París el 7 de agosto de 1847. Era la
primogénita del matrimonio formado por el noble piamontés Carlo Emanuele dal
Pozzo –príncipe della Cisterna– y de la condesa belga Luisa Carolina de Mérode.
María era un precioso bebé de cabellos rubios, ojos azules y tez pálida, todo un
paradigma de belleza tal y como se estilaba en aquella época.
Cuatro años más tarde nacería Beatriz, su única hermana, junto a la que
recibió una esmerada instrucción académica con preceptores de primerísimo nivel
que se volcaron en la educación de las niñas. En 1852 la familia se trasladó a
Turín para instalarse en el antiguo palacio de los Cisterna, donde las jóvenes
completaron su extensa formación cultural.
A decir de los cronistas, la princesa María disfrutaba de gran popularidad
entre sus convecinos, quienes la llamaban afectuosamente la rosa de Turín por el
porte y belleza de los que hacía gala.
Sin embargo, aquel luminoso futuro que se abría ante ella se oscureció de
forma abrupta el 25 de marzo de 1864, tras la inesperada muerte de su padre y la
posterior enajenación temporal de su madre. Ésta obligó a sus dos hijas a
permanecer encerradas junto a ella y velar durante más de una semana al difunto
príncipe. El hecho marcaría profundamente a las dos adolescentes, en especial a
Beatriz, quien moriría un mes más tarde a causa de la impresión que le produjo
el suceso.
Por su parte, María permaneció enlutada y sujeta a la prohibición materna de
poder disfrutar de fiestas o reuniones. Así, se empezó a gestar una leyenda
romántica en torno a la hermosa, pero desgraciada, princesa que no pasó
desapercibida para el apuesto Amadeo de Saboya, segundo filogenético del rey
italiano Víctor Manuel. El monarca vio con buenos ojos que su hijo pretendiera
la mano de la adinerada muchacha.
El 30 de mayo de 1868 se celebraron los esponsales también cubiertos por la
desgracia que parecía perseguir a María. En los días previos a la boda, una de
sus doncellas apareció ahorcada en extrañas circunstancias, sosteniendo en sus
manos el traje de novia destinado para la futura duquesa de Aosta. De igual
modo, la jornada de la ceremonia se entristeció con diversos incidentes y
muertes de algunos invitados.
A fines de 1870 la historia de Amadeo y María adquirió un giro drástico tras
la petición de las Cortes españolas de que el príncipe italiano ocupara el trono
de España [sucediendo a Isabel II, exiliada tras la revolución de 1868] . Por
entonces ya habían nacido Manuel Filiberto y Víctor Manuel, los dos primeros
hijos de la pareja. La noticia fue acogida con inmensa alegría, y el propio
Amadeo se apresuró a viajar hasta su nuevo país de adopción mientras su esposa
se recuperaba de los rigores del parto de su segundo vástago.
Finalmente, el matrimonio se pudo reunir en la primavera de 1871, justo
cuando los rumores sobre las constantes infidelidades del frívolo Aosta
provocaban la sorna en los mentideros de una villa y corte que no aceptaba la
imposición de reyes extranjeros. Incluso las clases populares y la rancia
nobleza hispana hicieron causa común contra los recién llegados, a los que
llamaban despectivamente el Macarroni y la Cisterna.
A pesar de todo, los flamantes soberanos intentaron ofrecer una cara amable a
esa sociedad que les rechazaba y procuraron dar muestras de cercanía y
solidaridad, siendo sobrios y austeros en sus gastos en contraposición a la
exagerada pompa que rodeaba a la institución monárquica. La propia María
Victoria, quien había elegido su segundo nombre como homenaje a su insigne
suegro, se prodigó en actos benéficos y llegó a inaugurar, gracias a su
aportación económica, la primera guardería infantil que se abrió en España,
dedicada a los niños de las lavanderas que trabajaban en las riberas del río
Manzanares.
Como sabemos, el reinado de Amadeo I apenas se prolongó dos años. En febrero
de 1873 renunció a la corona, según dicen, muy triste por la incomprensión
recibida, aunque alentado por su esposa, quien había tenido su tercer hijo Luis
Amadeo en esa España que ahora debían abandonar. El matrimonio se instaló en la
ciudad de San Remo, donde María Victoria, aquejada de una tuberculosis, falleció
el 8 de noviembre de 1876, acaso su último pensamiento voló hacia el reino que
no quiso reconocer su innegable dimensión humana.
Imprimir artículo